A Julieta Cervantes no la dejaron sola cuando murió su esposo; la dejaron viva en un asilo con la misma frialdad con la que se abandona un mueble viejo que ya no combina con la nueva casa.
La maleta azul cayó junto a la cama angosta con un golpe hueco, y el sonido fue tan seco que pareció cerrar algo más que […]