La humillación más fría de Isabella no ocurrió frente al ataúd de su padre, sino cuando su esposo le apretó el brazo en pleno duelo y le susurró que, sin dinero, ella no era nadie.
El mundo siguió respirando alrededor de esa frase como si no hubiera sido una puñalada. Las coronas blancas perfumaban el aire con un olor dulce […]