El guardia lo preguntó con la voz quebrada al ver la celda abierta, las cadenas en el suelo y el pasillo vacío, y en ese instante todos comprendieron lo mismo: alguien había dejado salir a los culpables, pero el único hombre inocente seguía sentado en la oscuridad, con la espalda recta y la dignidad aún viva entre las ruinas.